Análisis del
libro “Claves Feministas para la Negociación en el Amor”
Este libro fue
escrito por la doctora Marcela Lagarde en el 2001, menciona un mundo en donde
las estructuras patriarcales siempre han definido los lazos amorosos, el
feminismo sobresale como más que un movimiento político que exige derechos; es
una herramienta clave para reimaginar el amor. La obra plantea una pregunta
importante ¿cómo crear vínculos de pareja justos, igualitarios y plenos si
crecimos en un sistema que acepta la desigualdad? Este escrito investiga las
ideas del texto, viendo cómo el feminismo brinda ideas para negociar en el
amor, modificando las dinámicas de poder que influyen en nuestras relaciones
más personales.
Algo importante
del pensamiento feminista actual es mostrar que lo individual es político. Las
relaciones amorosas, en lugar de ser espacios privados e inofensivos, están
profundamente influenciadas por las estructuras de poder patriarcales. El libro
demuestra de forma convincente que el amor romántico, como lo conocemos, no es
natural ni universal, si no que es una idea social e histórica que ha mantenido
a las mujeres en un lugar de inferioridad.
El romanticismo
dicta cosas a mujeres, unas que son bastante injustas. Se espera ser cuidadoras
siempre, anteponer sus parejas a ellas mismas, perdonar siempre, y darse sin
pensarlo mucho. Esas ideas no son tontas; salen de una forma de pensar de
siempre, el patriarcado. Es él quien les da el trabajo de ser el apoyo
emocional, cuidando los sentimientos de otros y no los suyos.
Se enseña a las
mujeres, desde pequeñas, que amar de verdad es sacrificarse, aguantar por amor,
que los celos es prueba de cariño, y que entregarse totalmente es lo más
grande. Esto no solo hace buenas las relaciones malas y violentas, sino que
vuelve algo normal y aceptable el dolor femenino.
Negociar en el
amor, no es convertir a la pareja en un trueque comercial, ni matar la
espontaneidad y el deseo. Implica, en cambio, reconocer, que ambos individuos
en la relación tienen necesidades, anhelos y límites válidos que deben
expresarse, escucharse, y respetarse.
La negociación
feminista parte, de asumir que las relaciones de pareja sufren desigualdades
estructurales. No se negocia desde la igualdad, cuando uno ha sido educado para
disculparse por existir, y el otro para adueñarse de todo espacio. No hay
igualdad en la negociación, cuando uno se encarga automáticamente del cuidado y
la gestión emocional de la relación, mientras el otro, es atendido sin que
siquiera lo note.
Por lo tanto, la
negociación feminista exige un ejercicio de conciencia. Demanda que las dos
partes detecten los mandatos de género presentes en su relación, que asuman los
privilegios y las opresiones de cada uno, que entiendan cómo el patriarcado les
ha influenciado a relacionarse de ciertas maneras. Sólo, desde esta toma de
conciencia, es posible edificar acuerdos realmente justos.
El libro
descrifra elementos clave para negociar eficazmente en vínculos afectivos
feministas, como la autonomía, y soberanía en el propio cuerpo y vida.
Negociación florece cuando ambos se ven como individuos autónomos, con voz en
sus vidas. Cuestionar la fusión en pareja, olvidando límites y anhelos. La
autonomía, no es rival del amor; hace posible el vínculo, entre seres libres
no, un individuo y su complemento.
La educación
femenina a menudo nos empuja a la indirecta, sin ser directas. Para no
incomodar o adivinar necesidades ajenas. Esta forma dificulta negociar, claramente.
El libro resalta la importancia de expresar deseos, molestias y límites sin
ambigüedades ni disculpas. Al comienzo incomoda, crucial para relaciones
honestas.
El conflicto, se
acepta, como algo intrínseco en las relaciones. La ideología del amor romántico
vende, una fantástica "media naranja", personas que encajan sin
problemas, sin nada. Esto, es una fantasía, peligrosa, interpretar el
desacuerdo, un signo de "no somos para el otro". El texto, defiende
el conflicto como algo normal entre dos personas diferentes, normal. Lo
crucial, no evitar el conflicto, si no aprender a manejarlo constructivamente,
sin violencia, mirando las necesidades de ambos.
Una desigualdad
poco visible en las relaciones heterosexuales es la distribución del trabajo
emocional. Las mujeres hacen mucho más que tareas del hogar, también recuerdan
cumpleaños, gestionan relaciones familiares, atienden necesidades emocionales
de la pareja, y sostienen la relación. Este trabajo invisible y no valorado
agota y produce grandes asimetrías. La negociación feminista, debe visibilizar
este trabajo, redistribuyéndolo equitativamente.
El patriarcado,
vaya, modeló la sexualidad femenina para el disfrute masculino. Las mujeres,
sí, son criadas para la disponibilidad sexual, para agradar, más no
obligatoriamente para gozar. La negociación feminista significa reclamar el
derecho al placer personal, a decir basta, a desentrañar el propio deseo sin
remordimientos. Supone erigir una sexualidad basada en el consentimiento alegre
y compartido, y no en la obligación o el deber marital.
El texto no
proyecta una perspectiva inocente sobre la negociación. Acepta que existen
numerosos desafíos que traban este proceso, con especial énfasis en las
mujeres:
El terror al
abandono, ¡tremendo!, es uno de los más influyentes. La dependencia económica y
emocional, que el patriarcado genera, lleva a muchas mujeres a temer que
expresar sus exigencias o trazar límites termine en la disolución de la
relación. Este temor no es descabellado, corresponde a situaciones materiales
precisas donde varias féminas dependen económicamente de sus compañeros o han
invertido toda su identidad en ser la esposa de o la madre de.
Las mujeres,
desde pequeñas, son adiestradas para sentir culpa, sin remedio. Ya sea por
trabajar demasiado, o tal vez no lo suficiente, por ser madres que no cumplen a
la perfección, por no ser vistas como lo bastante atractivas, por expresar sus
anhelos, o hasta por poner límites. Esa culpa, que aparece por sistema,
funciona como una herramienta que las mantiene en orden, evitando que reclamen
lo que legítimamente les corresponde.
La idea romántica
del sacrificio lo empeora. Si ser la mujer ideal implica entregarse por
completo, renunciar a uno mismo, soportarlo todo sin chistar, entonces
negociar, poner límites y priorizar lo que uno necesita es visto como egoísmo,
falta de cariño, o como que fallaste en ser femenina.
Por otro lado, la
resistencia de los hombres al cambio no ayuda, para nada. Los hombres, en su
posición privilegiada, no tienen motivos fuertes para cambiar la forma en que
funcionan las relaciones. Esa resistencia, a veces con desinterés con abierta
violencia, es un desafío grande para las mujeres que intentan cambiar sus
relaciones.
El texto pone
énfasis, y de una forma muy valiosa, en que cambiar las relaciones amorosas no
es cosa de individuos solos, no es suficiente, que cada mujer, por su cuenta,
intente tener mejores condiciones en su relación. Necesitamos, una
transformación cultural grupal que cuestione el amor romántico, que le quite
naturalidad a las diferencias de género, que cree nuevos mundos sobre como
relacionarnos.
El feminismo es un
movimiento social colectivo, nos da ese lugar donde encontrarnos, pensar y
actuar juntas, los grupos de mujeres, donde se busca conocerse mejor, las
pláticas entre amigas acerca de sus relaciones, son superimportantes para no
estar solas, para darnos cuenta de que lo que cada una siente como un problema
propio, es en realidad un tema de política que compartimos.
Esta visión de
grupo, es la que ayuda a las mujeres a apoyarse entre sí durante los cambios, cambiar
una relación de afecto es complicado, duele y agota. Hay que cuestionar todo lo
aprendido, lidiar con la resistencia, aguantar la incomodidad del conflicto, a
veces hay que acabar una relación que no puede cambiar.
Sin una red de
apoyo, sin otras mujeres que validen esta experiencia y sostengan este proceso,
mantener el cambio resulta increíblemente difícil.
El libro no solo diagnostica
los problemas del amor patriarcal, sino que también esboza posibilidades de
transformación, sostiene que es posible construir formas de amar más libres,
más justas y más satisfactorias para todas las personas involucradas, estas
nuevas formas de amor no exigen renunciar al deseo, la pasión o la intimidad
profunda, sino construir todo eso desde otro lugar.
Un amor feminista
sería aquel que reconoce y celebra la independencia de ambos individuos, y que
no busca la fusión, sino el encuentro entre dos personas completas. Sería un
amor que acepta las diferencias y los conflictos como parte fundamental de una
relación, nunca como una amenaza. Este amor distribuiría el cuidado y la gestión
emocional de forma equitativa, donde ambas partes se sienten responsables del bienestar
de la relación.
Sería un amor que
no idealiza el sufrimiento, sino que busca activamente el bienestar mutuo. No confundiría
el control con el cuidado, ni los celos con la pasión, ni la dependencia con el
compromiso. Que facilita que cada individuo se desarrolle, crezca y mantenga
conexiones fuera del ámbito amoroso. Se edifica diariamente con decisiones
deliberadas, negociaciones sinceras, y adaptaciones constantes.
Este amor
feminista, dista de ser una quimera o un sueño irrealizable, es una práctica
real, algo de todos los días, que ya experimentan muchas. Demanda esfuerzo,
compromiso, y la voluntad de cambiar. Se necesita renunciar a los privilegios
existentes, y exigir lo que legítimamente merecemos. A cambio, da relaciones
auténticas, placenteras, cimentadas en el respeto mutuo y la reciprocidad.
El feminismo es
como un movimiento multitudinario, está retando las estructuras patriarcales,
sin importar cuan visibles o sutiles. Las mujeres dicen basta a la violencia
machista, a la desigualdad salarial, a la excesiva carga doméstica, a la
objetivación de sus cuerpos. Y también cuestionan las formas patriarcales del
amor.
Al pactar se crean
normas personales y se muestran las relaciones, por ende l propuesta feminista
que se hace es que el amor es una experiencia en donde se puede negociar aquellos
valores y normas las cuales servirán como condiciones para los otros se
relacionen con otras personas.
El amor, no es
cuestión de dejarlo atrás, sino más bien de transformarlo, darle un nuevo aire,
dejar atrás los grilletes que lo usan para oprimir, y abrazarlo como un
santuario, donde el encuentro, el crecimiento y el placer compartido florecen.
El sujeto
simbólico del amor en diversas culturas y épocas ha sido el hombre y los
amantes han sido los hombres. La mujer, cautiva del amor, ha simbolizado a las
mujeres cautivas y cautivadas por el amor. Se trata del amor patriarcal y de
los amores patriarcales
En efecto,
los cautiverios de las mujeres se han estructurado en torno al amor que
envuelve la sexualidad erótica y procreadora. La maternidad, la filialidad, la
conyugalidad, la familiaridad y la amistad, implican al amor considerado
inmanente de las mujeres. Sexo, sexualidad y amor son una tríada natural
asignada a las mujeres
En conclusión
esta obra presenta soluciones
prácticas para este proceso de cambio, de renovación aun así se reconoce que no
existen trucos mágicos ni guías infalibles. Cada vínculo, cada dúo, cada
individuo deberá trazar sus propios rumbos. Lo crucial es iniciar esta travesía
con una perspectiva feminista, dispuestos a replantear lo aprendido y aceptar
el cambio.
Bibliografía
Lagarde, M. (2001). Claves Feministas para la
Negociación en el Amor.
Lagarde, M. (2012).
Obtenido de https://mujeresenred.net/spip.php?article2036
Zuarth, Y. (1 de agosto
de 2024). Obtenido de
https://lacostillarota.com/2024/08/01/resena-de-claves-feministas-para-la-negociacion-en-el-amor-de-marcela-lagarde/
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